Tips viajeros y reflexiones

Sin título

Supongo que la curiosidad por “conocer mundo” me viene desde siempre, de pequeña ya
soñaba con conocer las pirámides egipcias, descifrar jeroglíficos, ser fotógrafa del National Geographic (para viajar gratis), y uno de mis dibujos animados favoritos, era Willy Fog.

Con unos pocos meses ya me subí en un avión, mis oídos ya reconocían otro idioma, incluso mi DNI era diferente al de mis compañeros de colegio. Yo había nacido en otro país, eso ya me daba pistas para comprender que había mucho más…mucho más de lo que yo conocía y de lo que veía cada día, MÁS MUNDO.

El viaje de mi vida comenzó mucho antes en realidad, fueron las decisiones de mi familia, de mis abuelos, de mis padres, las que hicieron que yo tuviera el gen viajero, estoy convencida que eso tiene mucho que ver. Aunque ellos no viajaron por placer, vengo de una familia inconformista y luchadora, ellos creyeron en una realidad mejor y un futuro mejor para ellos y su familia. Creo que no me equivoco cuando digo que tienes que ser muy valiente para dejar atrás tu país, e ir en busca de oportunidades a otro totalmente desconocido, y más, en aquellos tiempos en los que había mucha menos información y recursos para viajar de los que tenemos hoy en día.
Por eso me siento muy orgullosa de ellos, especialmente de mi madre, que lo hizo sola,
emprendiendo un camino lejos de sus padres siendo aún muy joven. No me imagino la de veces que tuvo miedo durante aquel primer viaje, o quizás no, yo desde luego lo hubiese tenido, es mi súper heroína. Nunca conoceré a una mujer más valiente que mi madre, ella dice que es muy miedosa, que a algunos países nunca iría, que a Camboya y por ahí ni loca…pero yo no me la creo, sé que iría al fin del mundo si yo, o mi hermano la esperásemos al otro lado.

Pero no escribo esto para hablar de mi madre, sino de mí, de todos esos sentimientos que
tengo y que muchas veces no digo en alto por lo que puedan pensar de mí.
Nos educan para crecer en una sociedad que ya está esperando cosas de nosotros desde antes incluso de nacer, debemos aprender a andar con tantos meses…a hablar con tantos
otros…

 A medida que vamos cumpliendo años, aumentan las responsabilidades y ya no se nos
perdona nada, parece que cualquier decisión que tomes te va a condicionar de por vida.
Por ejemplo: a los 16 años tenemos que decidir que profesión queremos tener, a qué nos
queremos dedicar el resto de nuestras vidas…¡MADRE MÍA! Con 16 años se supone que
debemos tener esto clarísimo.
Los años van pasando, y entonces en vez de aumentar las responsabilidades (que también), empiezan a aumentar las presiones, presión por casarse, presión por tener hijos, y ¿por qué?
Porque es lo que toca, lo que dicta la sociedad, y si no llegan esos momentos parece que nos frustramos. Pero realmente ¿alguien piensa que todos estamos aquí para lo mismo? En realidad sí, todos nos vamos a morir, disponemos de un tiempo limitado, y de cada persona depende aprovecharlo.

Yo creo que cada persona en la vida tiene un destino, que puede coincidir o no con su
sueño, y creo que el único objetivo que debemos perseguir en la vida, es hacer que
coincidan. No es tarea fácil, estoy convencida que hay personas que se mueren sin haber tenido un sueño, o lo que es peor, sin haber podido hacerlo realidad.
Ahora voy a contar algo importante, cómo descubrí yo mi SUEÑO.
Un día, mi primo Jordi me regaló un póster de Di Caprio, era el póster de la película “La Playa”,muchas veces miraba el póster y me imaginaba a mí misma en aquella paradisíaca playa, la famosa “Maya Bay”, aunque de aquella no sabía ni su nombre, y para ser sincera tampoco sabía ubicarla en el mapa.

Cuando eres pequeño, al menos yo, imaginaba lugares paradisíacos a los que pensaba que solo tendría acceso por la televisión o si me tocaba la lotería, me imaginaba yo, que viajar allí, sería tremendamente caro. (Bueno hay quién sueña con ser futbolista, yo soñaba con palmeras y esas cosas…¡qué le vamos a hacer!)
Cuando crecemos, enterramos todas esas ideas imposibles, todos esos sueños que creemos que no alcanzaremos. Empezamos a vivir la realidad, y dejamos de creer en dragones y princesas. Y ahí es dónde cometemos un grave error, pues el destino siempre interviene para hacer realidad nuestros sueños…

Descubrí mis piernas a los 26 años, en un viaje a Tailandia. ¿Hubiera podido hacerlo antes? SÍ, por supuesto que sí, hice muchos viajes antes de ese, pero ese viaje fue diferente, ese lo había hecho queriendo hacerlo de verdad, y con el total convencimiento de que era lo que quería en ese momento.

Tras esas semanas, yo volví a casa, pero mi cabeza no pudo. No es que hubiese visto un
dragón, ni me creyese una princesa, es que sin buscarlo, había amanecido en la playa de mi póster. Fue la primera gran demostración que me daba la vida, de que no hay nada imposible, y que a veces, los sueños se cumplen.

Por fin mis piernas servían para algo emocionante, por fin mis piernas me llevaban a lugares desconocidos y llenos de magia, a aldeas tranquilas, a entornos naturales que si no eran el paraíso, estaban muy cerca. Ahí entendí el significado de “otras realidades”, ni mejores, ni peores, diferentes a la mía. 

Entonces me di cuenta de algo, había dejado de soñar, había dejado de ser aquella niña que quería ser fotógrafa del National Geographic, y me había conformado con pagar recibos y hacer lo que los demás, o la sociedad esperaría de mí, que es tener, tener y tener, pero que se olvida de ser. Me di cuenta, que no era feliz, que la sola idea de imaginar el resto de mi vida atada a ese estilo de vida, de trabajar para pagar, me acabaría matando, pero no a mí, sino a mi sueño, que era algo mucho peor.
Mi sueño es sentirme libre, dar la vuelta al mundo, conocer diferentes culturas, ser parte de ellas, caminar descalza un lunes por la mañana o sentarme a tomar té un sábado por la noche. No concibo otro horario diferente que el que me marca el sol, no quiero formar parte de la cadena. A lo mejor, solo son sueños, y nunca lo consigo, a lo mejor sigo  creyendo en dragones y princesas, pero mantener mi sueño con vida, es lo único que me da fuerza para soportar este reto, porque vivir así, como lo hacemos, es un reto.
Para muchas personas, viajar es un complemento de su vida, son unas vacaciones al año, o unos días de desconexión, para mí, viajar es vivir.
Alguno estará pensando, despierta, no puedes vivir sin dinero…pues es verdad: la sociedad y el sistema en el que vivimos, no nos permite sentirnos libres y felices sin dinero. Y no, tampoco se puede viajar sin dinero, así que mientras la gente de mi edad se casa y tiene niños, yo estoy pensando…y buscando un plan, porque seamos realistas: SE NECESITA UN PLAN. Ojo, que no hablo de un plan definitivo, ni de un proyecto de vida (qué aburrido), simplemente … ”el plan”. 

Y respecto a la boda, sí, yo también quería casarme, probablemente todavía lo quiera, porque muy en el fondo de mí corazón hay una esperanza de compartir todos estos sueños con alguien que LOS COMPRENDA Y LOS ENTIENDA COMO YO, alguien que no piense que estoy loca, o que esté igual de loco que yo.

Hay personas que desarrollan sus inquietudes artísticas y eso les hace sentirse vivos, hay
personas que desarrollan un trabajo en oficina y también, hay quién encuentra sentido a la vida enseñando a otros, siempre consideré que la figura del maestro es de las más importantes en una sociedad, pero además de todo esto ¿qué tarea hay más importante en la vida que la de VIVIR?
Hay muchas cosas que aún no he vivido, muchas emociones, sentimientos, situaciones…lo único que deseo es vivirlas todas ellas lo más conscientemente posible y no acostarme cada noche por rutina, ni levantarme sin un motivo.
Leer… escribir, pensar en uno mismo, reflexionar en el presente y en lo que estás viviendo y cómo te estás sintiendo. Yo, no puedo dar muchos consejos aún, porque todavía no me he muerto, pero si hay uno que quiero dar es este: que el miedo no sea más grande que las ganas 😉
Creo sinceramente que, es el miedo lo que impide a muchas personas cumplir su propio sueño, por eso voy a esforzarme en, a partir de ahora, hacer solo y exclusivamente lo que quiero, sin pensar tanto en las consecuencias, porque al final…no hay nada más real que ser un soñador!

1 comentario en “Sin título”

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